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05 February 2012 @ 03:52 pm
(fic) dos a uno (crossover original)  

Crossover: “Mapas a tu pensamiento”/ “Leo,  el camaleón”


Tabla: Matemáticas; imágenes A.
Autor: [info]kisachanlove
Personajes: Harlem Vento, Leo , Mikail Jugg, cameos varios.
Disclaimer: "Leo, el camaleón" pertenece a minigami, el resto es mío.
Advertencias: Drama.
Notas: Spin off de Harlem, el detective que encontró  a Marcos en Mapas a tu pensamiento feat. Leo el camaleón. Con minigami planeamos el inicio de esto, y luego se me fue la olla, y pasó Mikail. Eventualmente habrá link para Leo el camaleón, porque Mar es así de bonita.

posteado originalmente para el festival científico de cienciasftw

                                             


                           

Harlem tiende a tratar de encontrarle lógica a todo. Siempre. No es detective por nada, le gusta encontrar pistas y pensarlo y pensarlo y hallar una solución completamente lógica y razonable. Con Leo eso no es posible, porque Leo aparece en su vida de la manera más inesperada posible, porque no se supone que los animales que recoges de escenas de crimen se transformen en personas.

Leo es como una de esas inecuaciones donde hay tantas variables que no consigues descartar nada. Es un puto misterio, y a Harlem siempre le han atraído los acertijos.

— Un amigo me contó que se ha estado hablando de una subasta.

— ¿Direcciones?

Leo se apoya en la puerta del edificio, arqueando una ceja y sacando una cajetilla de cigarrillos de su bolsillo. Julie seguro está
hecha una fiera allá arriba, pero no importa. Leo saca un cigarro tranquilamente, y Harlem no sabía que fumara.

— Ebay.

— Oh.

A lo mejor es más simple de lo que parece y en realidad es sólo un tío muy confiado. Leo prende su cigarrillo (lo calman, y no puede permitirse que algo lo altere en estos días) y sigue hablando, encogiéndose un poco de hombros, como si fuese algo terriblemente común el que se subasten antigüedades de culturas prehispánicas.

— Y le has creído.

— Resulta, Harlem, que conozco a ese individuo.

(Hace tres noches que Leo apareció en su vida y hay muchas incógnitas sobre él, pero Harlem está seguro de que no es ningún inocente. Harlem está segurísimo de que tiene que ver con el bajo mundo, pero prefiere no adivinar hasta tener hechos.)

— Nunca confíes en nadie.

— Él sabe quién las tiene, créeme, es cuestión de jugar su juego un poco.

Leo sonríe y tira el cigarrillo a la mitad al piso antes de volverlo a mirar. Harlem arquea una ceja y lo impresiona un poco, la seguridad que exuda y lo relajado que parece acerca de la vida cuando anda por las calles. Su sonrisa lo inquieta más de lo que quisiera admitir, pero Harlem es muy bueno mintiendo. Se encoge de hombros y decid complacer a Leo con esta pista, qué daño puede hacer.

Leo mira alrededor antes de preguntar, casi infantilmente.

— Qué calor. Se me antoja un helado. ¿No venderán por acá?

Un misterio es lo que es.

                                                                               

— Maldición.

Han recuperado una reliquia, una especie de triángulo y Harlem sabe que es la parte superior de un báculo y que pertenece a la cultura Chimú, pero eso no es importante. Lo importante es que han escrito sobre él. No es nada que no pueda ser borrado (apenas tiza) pero todavía se ve. La cuestión es que Leo no quiere tocar la reliquia,  y Harlem está solo en esto de descubrir qué dice.

— ¿Podrías al menos intentar echarle un ojo?

Leo lo intentaría, vale, porque es una persona inteligente y lista y seguro que lo descubriría en dos minutos, que él tiene experiencia con códigos de bandas, pero Leo tiene traumas con todo aquello que sea viejo y lleve de nombre reliquia. Leo no se va a acercar a esa cosa ni a punta de arma.

— No, gracias, tengo mejores cosas que hacer.

Y mierda, en serio se muere por descifrar eso, porque la curiosidad lo está matando, pero no hay manera de que se acerque a ese vejestorio.

— ¿Como buscar moscas?

Y no es gracioso, maldición, y Leo lo fulmina con los ojos, porque los recuerdos de la primera noche están patentes y Harlem no debería estar sonriendo así, medio divertido, medio curioso. La verdad es que se siente verdaderamente curioso sobre la transformación, y ya ha preguntado, pero Leo no le va a explicar una sola palabra.

Su mirada podría aniquilar a una persona menos impasible, pero Harlem ya está acostumbrado con Julie y sólo se ríe.

— ¿Por qué le tienes tanto miedo a esto?

(Nadie sabe que han recuperado la reliquia, obviamente. Ni siquiera su cliente, y a Harlem no le importa, porque primero tiene que saber de qué van las inscripciones. Pasa de la ética laboral con gusto.)

Leo se encoge de hombros y sigue leyendo el libro que tiene entre las manos, porque le da igual lo que diga.

Para su sorpresa, Harlem no vuelve a preguntar y deja la sala, provocando que Leo lo mire salir de reojo. Qué se le habrá metido en la cabeza. Cuando regresa, regresa con una hoja de papel y Leo ve a lo lejos que son los mismos trazos que los de la reliquia.

— Ten.

Y sí, vale, Leo está agradecido, pero eso no explica el temblor de su pecho cuando Harlem le sonríe honestamente. No importa, la verdad. Ha visto a mucha gente sonreír, esta es una más.

— Gracias.

No importa.

                                                                           

— Hay una fiesta. Ha habido chisme sobre que una de las chicas  llevará unas joyas con forma de mullus, lo que sea eso. ¿Te suena conocido?

Harlem musita un sí de éxito y Leo sonríe, porque estas son las cosas que hacen feliz a Harlem. Acaba de enterarse por un par de chicas, y más que simples chicas son colegas, pero siempre tienen información de todo y Leo cuenta con ellas para ese tipo de chismes. No es la primera vez que las consulta, y ellas todavía le deben un par de favores. Pero eso no importa ahora. Harlem le sonríe y lo confirma.

— El collar moche.

— Sí. Y tengo pases— dice, ondeándolos en el aire, y Harlem sonríe abiertamente, como un niño con un dulce. Sus ojos azules brillan de emoción y Leo sonríe.

— ¿Fiesta de gala?

Leo ojea los pases nuevamente, y ahora está seguro de que el ladrón ha sido el hijo de puta de Mikail, porque sólo ese desgraciado es lo suficiente exhibicionista para organizar una fiesta de electrónica y darle un collar moche a unos de sus agarres para que lo luzca.

(La tarjeta dice que organiza César Suárez, pero Leo conoce el alias. A secas, Leo conoce a Mikail.)

Pero no dice nada. No, esto es entre Mikail y él, y esas reliquias son suyas, se recuerda. Todavía lo espera un cheque enorme por ellas y el haber conocido a Harlem no va a cambiar su vida, no.

— Electrónica. Y espero que sepas bailar, porque vamos a entrar.

La mirada que Harlem pone, la de perro completamente apaleado, hace que Leo se horrorice. Esta bien, que el tío le llevará un par de años, pero no es tan viejo como para no bailar electrónica, ¿no?

— No escucho electrónica.

— Mierda. Vas a necesitar clases, tío.

— No creo que sea necesario.

— Deja, que te enseño yo — y lo dice confiado, porque está seguro de que baila como si hubiese nacido para ello. De no haber sido ladrón, habría sido bailarín o algo así. Siempre ha sido esbelto y tiene fuerza, así que sería muy natural

— ¿A brincar como un camaleón?

— Vete a la mierda, Vento.

 

La primera persona que le importó a Leo fue Mikail, probablemente. Se criaron en la misma ciudad, y jugaron fútbol e hicieron tonterías  y fueron a la misma primaria, tranquilamente, hasta que el ambiente familiar los alcanzó a ellos también y los padres de Leo huyeron a otra ciudad, y Mikail se quedó y perdieron contacto.

La siguiente vez que se vieron, fue en un trabajo. Un tío quería robar unas joyas y Leo tenía la agilidad necesaria para entrar, pero necesitaba alguien que supervisara los equipos y las cámaras. Ese era Mikail. Se reconocieron nada más verse, había pasado ya casi una década, pero es difícil olvidar a la gente que marca tu vida, dicen. Mik tampoco había cambiado mucho, los mismos ojos negros, el cabello corto casi al ras, un marrón oscuro rayando en el negro. Y la misma sonrisa de niño.

— ¿Lio?

— ¿Mik?

— ¿Se conocen?

Fue su primer trabajo en equipo y todo salió de lujo. Desde entonces no se volvieron a separar, hasta el punto que comenzaron a ser considerados como un paquete. Sólo habían pasado dos años, pero eso es bastante en el negocio.

(Estuvieron juntos un par de meses, besos y adrenalina y sexo en hoteles sin nombre y robos exitosos por doquier.  Lo terminaron después de la primera pelea. Ambos eran demasiado cambiantes, y sólo se herirían eventualmente, dijo Mikail, y Leo sabía que tenía razón.)

Cuando tomaron el trabajo de las reliquias, Leo tenía sus dudas. Básicamente porque, reliquias, gracias no. Pero Mikail lo convenció.

— Es dinero fácil, Lio. Entras, sales, esperas al comprador y listo. Yo supervisaré todo-  no te sulfures, camaleón.

Leo lo había mandado a la mierda por eso, pero Mikail no era nada sino insistente. Y al final, aceptó.

Y luego el comprador nunca llegó y había humo en la habitación y lo siguiente que Leo recuerda es que estaba solo y con las cajas de las reliquias completamente vacías. Entonces le dio el ataque de su vida, y cuando llegó Harlem, siguiendo una pista, sólo había un camaleón en la habitación.

Le costó poco conectar los puntos y darse cuenta de que sólo podía haber sido Mikail. Y mentiría si dijera que no dolió, porque Leo, sin importar su trabajo y las circunstancias, confiaba totalmente en él.

Así que cuando se encuentra cara a cara con Mikail en la fiesta, tras colarse en una de las habitaciones oscuras del club, la primera reacción es darle un derechazo directo al estómago y empujarlo contra la pared por el cuello del polo. Su cabello ha crecido, ahora le cubre los ojos y Leo odia que se vea tan indefenso, lo odia.

— Imbécil, confié en ti.

— Lio, cálmate- mier- agh eso dolió- no es lo que piensas— Mikail tose y lo mira a los ojos y Leo siempre ha tenido una debilidad por él, porque es Mik, y porque son como hermanos, pero no esta vez.

— Cómo pudiste hacerme eso, hijo de puta—   el siguiente golpe es bloqueado, y lo siguiente que sabe Leo es que está en el piso y Mikail tiene sus manos sujetas a ambos lados de su cabeza.

— Escúchame. Por favor, Lio, escucha.

Leo trata de zafarse, pero para ser el chico de los ordenadores, Mikail siempre ha tenido mucha fuerza. Sabe que Mikail lo estaba esperando, porque no hay guardias, ni técnicas extrañas o humo. No lo hace sentir mejor, lo hace sentir manipulado.

— Lio, Lio, tú sabes que yo nunca te haría eso.

Mikail cierra los ojos y apoya su frente contra la de Leo, y sí, son antiguos amantes, pero el gesto es dulce,  más fraterno que otra cosa, y Leo suspira, porque la verdad es que quiere escucharlo. Quiere saber por qué.

— Habla rápido.

— Me hicieron una oferta cruzada.

Leo gruñe y Mik se ríe, porque Leo tiene un curioso sentido del honor cuando se trata de eso. Una oferta cruzada, clientes distintos por el mismo asunto. Leo se imagina a dónde va esto. Seguro que Mik se ha pasado estas semanas haciendo réplicas perfectas. Les va a garantizar una búsqueda intensa y tendrán que huir y esconderse por meses, y Leo siente adrenalina ante el sólo pensamiento. También les va a garantizar una cantidad de dinero inmensa.

— ¿Y por eso me dejaste tirado en una habitación para que llegase la policía?

Mikail niega y una mueca cruza su rostro. Lo mira a los ojos y niega nuevamente.

— Eso no estaba en el plan, en serio.

Leo asiente y se queda quieto. Mikail suspira y se levanta con un gesto de dolor.

— ¿Estás bien?

— Había olvidado lo duro que golpeas, joder, Leo.

Leo se sienta, restándole importancia, y medita lo que ahora sabe. Mikail hizo eso para engañar totalmente a los clientes. Con Leo fuera del mapa, habrían buscado a Mik y de seguro se han creído que ahora están trabajando por separado. Con razón no habían preguntado por su ausencia.

— Eres un puto genio, Mik.

Mikail sonríe y extiende su mano, que Leo utiliza para levantarse.

— ¿Cuento contigo, hermano?

Y es algo muy ilógico, que después de haber estado juntos y que no funcionase, hayan terminados tan unidos, tan fraternos. Pero a Leo no le importa, porque Mikail es la única familia que tiene ahora.

La idea de Harlem, del tiempo que han pasado juntos, de los sentimientos cruzados, y lo brillante que puede llegar a ser, está ahí. Y es una decisión muy sencilla: Mik o Harlem, pero no lo es, porque Mik es prácticamente sangre de su sangre y Harlem es el tío del que está ena-.

Mierda.

— La tengo.

Leo lo dice rápido, agitado y velocísimo porque esa es su especialidad, llegar con información y escupirla inmediatamente y actuar sobre ella en dos segundos, porque cuando robas, te diré, sólo hay pequeñas fracciones de momento y si no tomas las oportunidades al vuelo, se vuelan, y lo siguiente que sabes es que estás en una celda con seis policías de guardia y sin posibilidades aparentes de escapar.

(Para que quede claro, escapó en dos horas.)

Harlem asiente, pero no levanta la vista de la carta que tiene entra las manos. Julie está sentada frente al escritorio y parece muy preocupada. Harlem la mira y le habla con calma y cierta ternura.

— Se ha fugado, dale dos días, volverá.

Lo está ignorando, y Leo frunce el ceño, algo fastidiado. Julie asiente y Harlem le sonríe y sale de detrás del escritorio para extender una mano hacia ella y ayudarla a levantarse. Julie sonríe y lo abraza, y Harlem se limita a dar palmas en su espalda.

— Todo estará bien, Juls.

Leo  se explica ahora el sentimiento de molestia, porque siguen pasando de él, y la revelación de la noche de la fiesta lo golpea más fuerte. Dicen que el amor es como un polígono, que tiene muchas caras, que se siente furia, que se siente sorpresa, odio, alegría y tantas emociones, pero eso no debería tener sentido. Leo gira la cabeza, porque ya ha tomado su decisión y no vale la pena sufrirlo.

— Harlem— dice esta vez, la voz ya más calma, pero algo incisivo en su tono. Esta vez Harlem asiente y abraza una última vez a Julie antes de dejarla ir. Julie le sonríe y sus ojos brillan un poco y Leo se dice que es patético.

— Dime— le dice finalmente, y Julie se va del despacho porque así de bien conoce a Harlem.

Leo maldice que sus emociones estén tan a flor de piel y saca un cigarrillo de su bolsillo, mientras Harlem lo observa. Lo prende y da una pitada antes de hablar.

— Tengo la dirección del ladrón.

Sabe que probablemente Harlem le odie después de esto. Y que probablemente lo busque, pero no dará con él. No es la primera que huye, ni será la última, y Harlem será muy listo, pero no va a poder seguirlo.

Leo tiene prioridades, vale.  Harlem jamás le va a corresponder, lo sabe. Tiene a Julie. Bueno, Leo sólo tiene a Mik, y tendría que ser tonto para dejar a su hermano en la cuerda floja por un enamoramiento sin futuro, se dice.

— Vamos.

Harlem cae justo en la trampa. Leo no puede evitar sentir la ironía de que este es el hombre que hace poco más de una semana le dijo que nunca confiara en nadie. No es un sentimiento agradable.

 

— Es una trampa. Demonios, Leo.

Hay tres puntos rojos apuntando a Harlem apenas cruzan el muro de la propiedad y dos apuntando a Leo. Es todo parte del plan y Leo cierra los ojos con fuerza. Uno de los láseres está apuntando directo al corazón de Harlem y Leo tiene que confiar en que Mikail dijo que no quería que nadie saliera muerto.

Mikail sale de la casa y tiene lentes oscuros y una peluca negra que oculta su cabello rubio. Tiene esa sonrisa burlona que siempre pone cada vez que tienen a un oponente entre sus manos. Leo quiere dejar de tomarse esto a lo personal, porque son negocios, y no debería querer golpear a Mik porque tiene a tres francos apuntándole a Harlem. Son negocios y Harlem ha sido ingenuo al confiar en él. Leo trata de ignorar esa parte de él que quisiera no estar haciendo esto, esa parte que no quiere que Harlem sufra esta decepción.

— Pero si no es nuestro detective. Harlem Vento, realmente eres insistente.

Leo arquea una ceja, porque Mik tiene un tono juguetón y salvaje y eso no augura nada bueno. Las ganas de decirle que se ciña al plan son intensas.

— ¿Tienes las reliquias, no, César?

— Eso puede tener muchas interpretaciones, detective.

Harlem sonríe. Mik sigue parado al lado del pórtico de la casa, y Leo quiere que esto acabe ya.

— Qué estúpido he sido. Por supuesto que no las tienes acá, si esta no es tu casa.

— Uy. ¿Es eso tan obvio?

Leo cierra los ojos porque eso significa que es hora. Harlem voltea a verlo y los láseres que apuntan a Leo desaparecen. Harlem parece impactado por eso, y Leo se encoge de hombros y pasa de largo, hacia Mik, cuya sonrisa ahora es la de siempre, esa sonrisa de niño que siempre pone.

— Seguro ya se percató de que hay sangre en la mecedora, César. Tendrías que ser menos obvio, tío.

Si esto fuera una película, Harlem maldeciría y trataría de moverse hacia Leo y Mik le recordaría que no se mueva con un disparo de los francotiradores. Pero en la vida real no hay tantas acciones como emociones y Harlem se queda quieto, mirando a Leo, que llega hacia Mik y se deja atrapar en un abrazo por él. Cuando Leo gira, Harlem no lo mira con el odio que se esperaba. Es dolor y sorpresa, y Leo sabe que ha herido a Harlem más allá de lo que se imagina.

— Es muy buen detective entonces.

Mikail se ríe y Leo cierra los ojos un momento, porque ya no necesitan esto. Basta con que uno de los francotiradores lance un dardo somnífero para que se vayan. Leo quiere irse.

— Pero a que esta no te la esperabas, detective.

— No, pero lo sospechaba.

Leo alza la mirada y Harlem no le quita los ojos de encima, y es difícil enfrentar miradas así, cargadas de sentimientos y eso. Esta grita traición y furia y con esto Leo puede lidiar.

Las sirenas se comienzan a oír entonces, a lo lejos, y Leo entiende a qué se refería Harlem.

— La puta policía, Leo.

Mikail frunce el ceño y comienza a gritar órdenes. Es rápido y furioso, y Leo siente la familiaridad inundarlo, esta es su vida, esta es la única familia que le queda; Mikail se detiene cuando ve su expresión y le sonríe, besando sus labios en apenas un roce.

— ¿Te he dicho que te he echado de menos?

La perplejidad se debe ver en su rostro, porque Mikail le susurra al oído, malicia y diversión remplazando la ternura en su voz, “pero, Lio, no me contaste que estaba colado por ti”.

Harlem, que sigue parado en el jardín, parece a punto de quebrarse y Leo lo sabe, finalmente. Mikail tiene razón. Y el pecho le duele y dios, qué acaba de hacer.

Las sirenas suenan terriblemente cerca y Mikail apresura a sus hombres. Sólo faltan ellos, dice uno de los guardaespaldas, y Mikail ya no tiene ganas de jugar.

— Dulces sueños, detective— dice y le hace una seña a un francotirador, que obedece al momento.

Harlem cae de rodillas,  y Leo prácticamente corre hacia él. Ya casi está dormido cuando se arrodilla a su lado.

— Perdona.

Harlem lo mira y sus ojos brillan, antes de quedarse dormido. Cuando sus ojos se cierran,  Leo lo recuesta y trata de ignorar que esta será la última vez que lo vea sin que Harlem lo odie.

— Lio, Lio, vamos.

Mik ya está en la puerta, carro listo y dispuesto para la huida. Leo lo sigue y se sube al asiento del copiloto sin voltear. Mikail arranca y acelera, la policía tras sus pasos. Los pierden por un callejón hacia el sur de la ciudad, ya demasiado lejos de cualquier unidad como para temer refuerzos.

Cuando la adrenalina baja, las memorias vuelven y Leo frunce el ceño.

— No tenías que burlarte de él, Mik.

Mikail gira a mirarlo, pero Leo tiene la mirada perdida en la carretera y no piensa volverse. Mikail no es tonto, no es nada tonto, y Leo- oh dios.

— Maldición. No lo sabías.

Mik maldice por lo bajo y pisa el acelerador  con fuerza.  En unas horas estarán fuera del país, siendo perseguidos por dos bandos de la mafia y por la policía; ya no hay lugar para arrepentimientos y eso Leo lo sabe. No quiere hablar de ello, pero Mik siempre ha sido un poco sádico.

— ¿Lo querías?

Demasiado tarde para volver atrás.


 
 
 
Maríaminigami on May 21st, 2012 08:01 pm (UTC)
Vica, creo que voy a llorar. Y esto, esto es perfecto. Creo que ya te lo dije la otra vez, pero me encanta.

(y me encanta mikail. que lo sepas. le estoy escribiendo una biografía ahora mismo en mi cabeza.)

Y este final... mira, no recuerdo bien el otro. (Porque soy un fail). Pero tiene tanto sentido, cómo termina comprometiéndose otra vez con Mikail, que en realidad no es trigo limpio, por miedo a que le hagan daño.
Menos mal que la especialidad de Leo es improvisar soluciones a los problemas que causan los errores que comete, eh.

Y, joder. Hace tanto que no te leo que se me había olvidado lo bien que escribes, bb.
Vicakisachanlove on May 21st, 2012 08:14 pm (UTC)
Te quiero, dios. Que pienses que esto es perfecto me importa muchísimo porque eres tú y porque es tu Leo, cielo <3

(hjgjksd mikail. yo lo amo a pedacitos, i waanaaa knooow, cuentaaa)

Btw, la pelota está en tu campo, bb. Si se reconcilian es toda tu decisión, eh :D

Gracias, reina, porque con cómo escribes tú, cuando me dices estas cosas me haces feliz que no ves.