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26 October 2012 @ 04:41 pm
(fic) a la noche, buenos aires. harry potter  
A la noche, Buenos Aires , ao3
Buenos Aires a la vista



Buenos Aires llega a su vista a la caída de la noche del día decimo tercero. Nott, el vigía, anuncia puerto y los chicos a bordo comienzan a prepararse. El sol ya no está en el firmamento y Draco lleva el sable en la mano, seguido de Astoria. Es la primera vez que Harry lo ve con esa expresión de vacío en el rostro, y la sonrisa que esboza cuando las luces del puerto se encienden, señalando la llegada definitiva de la noche, es cruel y sedienta de sangre.

Anclan en la parte oeste del muelle, y bajan Nott y Astoria, a eliminar a los guardias. Cuando vuelven, Astoria tiene gotas de sangre en la manga de la blusa y su sonrisa habla de muertes al filo de la espada.

Los gemelos comienzan a preparar los cañones en cubierta entre bromas sobre quién derriba las torres de vigilancia, y algunos se prometen tragos de ron y partidas de dados si consiguen un botín que supere el de Callao.

Cuando Astoria grita una señal, los gemelos disparan los cañones y el fuego comienza a prender la ciudad. El griterío y el pánico comienza a oírse y Draco se gira hacia la tripulación, enarbolando el sable y se hace oír, en el silencio que envuelve a sus hombres cuando él habla.

— Sin sobrevivientes.

No es que Harry no tenga estómago, que ha estado en muchas matanzas y vivió la guerra y escapó la peste por los pelos. Pero esto es otro nivel, y no sabe qué esperaba, lo escuchó todo sobre lo macabro de su obra, y le contaron historias sobre puertos desolados, prácticamente sin gente, mujeres deshonradas y niños asesinados.

Harry destruye, y roba y mata hombres como otros matan insectos, pero el filo de su espada nunca ha tocado a una mujer. Es lo único que le queda del respeto cristiano que le inspiró su madre, cuando aún vivía, y es un código que mantiene por ella y por la que pudo ser su esposa, si no hubiera muerto. Así que cuando se encuentra frente a una jovencita en una de las casa que está saqueando, hace como si no la hubiese visto y sigue cogiendo candelabros de oro y cuando baja el amo de casa, lo mata de un disparo en la frente.

La chica comienza a gritar y Harry maldice, alzando una de sus pistolas.

— Calla, o morirás.

Es una criada, probablemente, y está aterrada, así que se queda callada, y retrocede.

— Ocúltate. No creo que llegue el fuego hasta acá.

Se cruza con Astoria ya camino al barco, las últimas horas de la noche pasando presurosas.

— Te ves desoladamente tranquilo con tanta sangre en tus manos, chico nuevo.

Harry se ríe, la bolsa de botín colgada a su espalda y las mangas de su camisa machadas de la pólvora usada. La zona en que desembarcaron, el oeste, ya arde en llamas y está mayormente saqueada. Astoria luce cansada y hay un desgarrón en su blusa, a la altura del hombro, que sangra. Alguien debe haber luchado con ganas.

Astoria ve sus ojos dirigirse a su herida y se encoge un poco de hombros inconscientemente, una mueca cruza su rostro y trata de disimularlo con una sonrisa.

— Gajes del oficio.

El gaje del oficio que le hizo eso, aparentemente tenía amigos, porque cuando Harry está a punto de sugerir regresar con ella al barco para que la curen, un tipo dispara hacia ellos. Está oculto, porque Harry no logra verlo, y son solo sus reflejos veloces lo que impide que Astoria muera de un tiro a la espalda.

Su hombro golpea fuerte contra el piso cuando Harry la empuja, y Astoria suelta un grito de dolor que suena más como un rugido. Harry levanta su pistola y dispara a quemarropa hacia el origen del disparo inicial, y oye un sonido gutural.
Se levanta a prisa y se acerca, Astoria tras él, furiosa y dolorida, temible como una tigresa.

Las balas han alcanzado al tipo en el pecho y Harry le dispara una vez más, entre las cejas, para rematarlo, y el gorgoteo de la sangre ahogándolo cesa.

Astoria se apoya contra él cuando gira, y la herida de su hombro parece haberse abierto más con el golpe, así que Harry la lleva en brazos como a una princesa.

— Bájame, Potter, o pagarás las consecuencias— masculla la chica, tratando de desasirse, pero Harry la calla con un silbido.

— No te ha alcanzado en nada vital, pero estás sangrando bastante. No creo que el capitán apreciase que te dejara desangrarte camino al barco.

Astoria suspira y su cuerpo pierde un poco su tensión, pero mantiene en su brazo sano una pistola, alerta a sus entornos incluso en medio del dolor.

El olor de ceniza se vuelve sofocante por momentos, y Harry aún tiene cortes en el costado, por un caballero de ropas caras que se defendió antes de ser alcanzado en el cogote por la daga que Harry llevaba ceñida a la muñeca, pero Astoria es ligera en sus brazos cuando la sube al barco.

Hay una regla del códice pirata, que dice que a bordo de un bajel no suben ni mujeres ni niños, y Harry se pregunta cuál es la historia que permitió que Astoria se convirtiese en el segundo a mando del “Señor Oscuro”, con pocas esperanzas de saberla algún día. Una vez en el barco, Astoria hace peso y se deshace de su agarre, pisando cubierta con firmeza. Harry la coge por el brazo sano y ella arquea una ceja, zafándose.

— No hablaremos de esto, Potter.

— Como diga, Señora— dice este, fingiendo dignidad y retrocediendo un paso, como un soldado de la Guardia.

Astoria esboza una sonrisa mientras se dirige al camarote de Huntington, el médico de a bordo, y Harry la sigue.

— Así me gusta, Potter, respetando a tus superiores. Quién sabe, a lo mejor si sigues con el buen comportamiento, Draco te tome aprecio.

— No, gracias, creo que si me apreciase un poco más acabaría en una isla con comida para tres días.

Huntington cose a Astoria sin más anestesia que ron de tercera y pura fuerza de voluntad. El amanecer ya ha despuntado para la hora que Draco cruza la puerta del camarote, la expresión angustiada y llamando el nombre de Astoria.

— Nott me dijo que regresaste herida.

Astoria arquea una ceja ante la obviedad, pero asiente, mientras Huntington termina de vendarla; Harry estira sus brazos y se pone en pie, dispuesto a marcharse. Lleva sentado, dándole a beber ron a Astoria la última hora y sus oídos aún retumban del sonido de la batalla y los cañones. Quiere ir a su camarote y dormir a pierna suelta un buen rato.

— El tipo no vivirá para contarlo, — añade Astoria, probando la flexibilidad de sus vendajes con cuidado y Harry vuelve su atención hacia ella — Tenía familia, quiso defenderla. Estúpido. Tenían bonitas joyas, sin embargo.

Harry cierra los ojos con fuerza, y cierra la mano en un puño, pensando en la chica de esa casa, con la esperanza de que haya logrado sobrevivir.

Draco sonríe y Astoria se levanta del camastro con cuidado, las sábanas están manchadas con sangre y la botella de ron se ha reducido a un cuarto. Tambalea un poco, y Draco la sostiene, antes de voltear hacia Harry.

— ¿Y tú, Potter? ¿No que querías vengarte?

Hay algo en su expresión que dice que quizás notó el momento de debilidad que Harry tuvo cuando Astoria relató lo de la familia esa, algo sarcástico y burlón que disgusta a Harry y lo hace escupir al lado. En ese momento es tanto el odio, que le da igual si lo abandonan en una isla después de esto.

— Yo tengo códigos, y me ciño a ellos. Me vengaré como me plazca, Capitán.

Astoria frunce el ceño ante el desprecio con que utiliza el honorífico y Draco da un paso hacia él, intenciones claras en sus ojos.

— Me salvó la vida y me trajo a bordo. Vale la pena mantenerlo, capitán, aunque sería bueno enseñarle modales.

Ambos se quedan mirando a Astoria con los ojos abiertos de par en par, y esta se dirige hacia la puerta, ya más estable, pero levanta una mano cuando Draco hace ademán de ayudarla, y mira a Harry fijo y penetrante.

— Ni una palabra, Potter.

Se quedan ambos solos en la habitación, Huntington retirándose del cuarto prestamente.

— ¿Zarpamos, capitán? — pregunta y Draco hace un gesto y el médico se retira, presumiblemente a izar la bandera, llamada de regreso de los piratas restantes.

Harry se queda callado, y la tensión en el cuarto asciende.

— Un código, ¿no?— dice entonces Draco, y Harry asiente, las manos tensas alrededor de su cintura.

— Ni mujeres ni niños— afirma, y se encoge de hombros. Hay límites a la rabia de uno, cree Harry, hay gente que no tiene culpa, hay gente que es inocente. Sabe que Draco no tiene esos límites, pero son piratas, cada cual a su matanza.

Draco asiente, procesando lo dicho, y al cabo de unos momentos se acerca, un golpe al pómulo, más un golpe de costado que un puño, tomando por sorpresa a Harry, que esperaba algo peor.

— ¡Hey!— exclama, y Draco lo sostiene por el hombro, casi doloroso.

— No me vuelvas a faltar el respeto frente a mis subordinados, o no lo contarás, Potter— sus uñas se clavan duramente en la piel de su hombro y Harry suelta un ruidito de incomodidad; aún le duele esa zona de cuando se tiró para ayudar a Astoria y se dio un mal golpe. Draco lo suelta, finalmente, y su rostro es serio y amenazante.

— Dormirás en las bodegas y te quiero en cubierta apenas caiga el sol, ayudando con las velas.

Sale del camarote como una tempestad, gritando en los pasillos, convocando a la tripulación, probablemente para calcular el botín y contar los heridos.

Harry sale tras él, rumbo a su propio camarote. No hay rasgo de Blaise, así que debe estar en cubierta, con la tripulación, levando anclas para huir. Se deja caer en su litera, las heridas de sus costados ya limpiadas por Huntington y piensa en la chica de la casa, y el rostro de Draco, amenazante y serio, y se levanta.

En Tortuga decían que Harry tenía un deseo de muerte por la manera en que retaba a los más peligrosos y por cómo acabó enrolándose en el “Señor Oscuro”, pero la verdad es que Harry sabe cuándo puede estirar un poco más la cuerda y sabe que esta no es una de estas situaciones.

Las bodegas están frías, así que baja una manta y se acomoda en una esquina.

La manera en que Draco le golpeó el rostro le trae a la memoria los duelos de guanteletes que veía cuando niño, de la mano de su madre, en el feudo del norte de Francia en que vivían. Harry lo detesta un poco, detesta su manera prepotente de hablar, como si todo le perteneciese, y cómo la rabia lo consume hasta que casi no es humano, antes de un ataque portuario.

Pero nota la tristeza debajo de esa rabia, nota la manera en que dudó cuando Harry dijo mujeres, y quiere saber. Quiere saber qué quiere vengar Draco, y por qué odia tanto los puertos adinerados. Quiere saber lo que oculta, que nadie sabe ni en Tortuga ni en lugar alguno bajo el firmamento.

Se acomoda horizontal en el piso cuando cesa el griterío en la cubierta, y el movimiento del barco, cada vez más veloz, lo arrulla. Al poco tiempo oye pasos suaves y se pone alerta, pero es uno de la tripulación que le trae una manzana; es un chico, casi un niño, que dice llamarse Teddy.

— No hagas ruido. Pensé que tendrías hambre.

Se marcha con el mismo silencio con que bajó y Harry se queda mirando la manzana. Tan joven y con algo que vengar.

La guarda en su bolsillo, cierra los ojos, y suspira, porque el cansancio lo sobrecoge, y tiene largas horas para aprovechar si es que tiene que ayudar con las velas al atardecer. El recuerdo de la criada de la casa saqueada lo asalta a último momento y se remueve bajo la manta.

Su madre era cristiana, y rezaba todas las noches y le enseñó a hacerlo con el cuidado de cada madre religiosa, transmitiéndole la fe que tanto atesoraba. Los años han pasado, sin embargo; y Harry ya no recuerda cómo rezar, olvidó las palabras del Padre Nuestro y el Ave María cuando abjuró del dios que permitió que sus padres y su familia murieran bajo la espada de soldados reales.

Aun así, Harry cierra los ojos y le ruega al dios en que ya no cree por aquella muchacha, sola en medio de un ataque pirata y el fuego.



 
 
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(Anonymous) on June 23rd, 2013 01:57 am (UTC)
Abordaje
Me encanto tu fic! Es espectacular la manera en la que escribes, espero leerte pronto! (: